La tercera edición de 2026 del Hub de Logística de El Mercurio, realizada el miércoles 8 de julio, reunió a representantes del mundo público, privado y académico para analizar los principales desafíos y oportunidades del sistema logístico chileno.
La instancia abordó el desarrollo minero argentino y los corredores bioceánicos, el potencial de Chile como plataforma logística del Cono Sur, la modernización de la infraestructura, la coordinación público-privada, la seguridad de las cadenas de suministro, la intermodalidad, la incorporación de nuevas tecnologías y la capacidad del país para atraer inversiones de largo plazo.
Entre los participantes estuvieron los exministros Juan Carlos Muñoz, Gloria Hutt, Paola Tapia y Carlos Cruz; Carlos Vergara, director de El Mercurio de Valparaíso; Daniel Fernández, presidente de Camport; Gloria Maldonado, representantes de gremios, empresas, centros de investigación y medios especializados.
En representación de la Universidad Diego Portales participó Karol Suchan, director del Centro de Innovación en Transporte y Logística (CITYLOG UDP), quien planteó la necesidad de fortalecer la colaboración entre las universidades y el sector productivo para desarrollar investigación y desarrollo (I+D) orientados a responder a los problemas particulares que enfrenta Chile.

Durante el encuentro, cada participante puso sobre la mesa un tema considerado prioritario para el desarrollo logístico del país. En el caso de CITYLOG, la intervención se centró en la necesidad de fortalecer la colaboración entre la academia y la industria para desarrollar investigación aplicada a los desafíos específicos de la logística nacional.
El planteamiento parte de una constatación: muchas de las tecnologías utilizadas en logística son desarrolladas para mercados, escalas y condiciones operacionales diferentes de las chilenas. Las empresas pueden adquirir sistemas sofisticados, pero eso no garantiza que puedan adaptarlos, integrarlos o aprovechar plenamente sus capacidades.
En Chile se han realizado avances importantes en la adopción de sistemas de gestión de bodegas (WMS), sistemas de gestión de transporte (TMS), plataformas de seguimiento, herramientas de analítica, automatización y sistemas de planificación. Sin embargo, una parte relevante de estas tecnologías continúa utilizándose principalmente para registrar transacciones y controlar la operación.
Para CITYLOG, el desafío siguiente consiste en convertir esos datos en mejores decisiones. Para ello, no basta con comprar software: se necesitan personas y organizaciones capaces de formular problemas, construir modelos, analizar información, experimentar y validar soluciones en condiciones reales.
Esta reflexión fue desarrollada recientemente por Karol Suchan en el artículo de LinkedIn “El proyecto de Ley de Transferencia Tecnológica es un avance. El siguiente desafío es construir demanda por I+D”.
En él sostiene que Chile debe fortalecer no solo la transferencia de conocimientos desde las universidades, sino también la capacidad de las empresas para participar activamente en proyectos de investigación. El modelo tradicional de transferencia tecnológica —en el que la universidad investiga, protege un resultado y posteriormente busca transferirlo mediante una licencia, patente o empresa de base tecnológica— es un avance necesario, pero insuficiente.
Según plantea, una colaboración con mayor impacto requiere que las empresas identifiquen problemas relevantes, aporten datos, asignen equipos, participen en la investigación y continúen el desarrollo una vez finalizado el proyecto. En este modelo, la empresa deja de ser una receptora pasiva de conocimiento y pasa a convertirse en un actor del proceso de generación de conocimiento.
Desde esta perspectiva, el desafío de Chile no radica únicamente en mejorar la transferencia desde la universidad hacia la empresa, sino también en fortalecer la capacidad de las organizaciones para demandar, absorber y desarrollar investigación e innovación.
En un segundo artículo, titulado “La tecnología ya está instalada. El desafío es aprender a usarla para investigar”, Suchan traslada esta discusión al ámbito de los centros de distribución y la última milla.
En ese análisis distingue cuatro capacidades tecnológicas: comprar tecnología, operarla, adaptarla e integrarla, y desarrollar nuevas soluciones. A juicio del académico, para muchas empresas logísticas el paso más realista consiste en fortalecer la capacidad de adaptar e integrar las tecnologías que ya poseen, generando así las condiciones para avanzar hacia proyectos de I+D más complejos.
Esta etapa permite formular preguntas más precisas sobre la operación —como la estimación de la carga de trabajo, la planificación de dotaciones, la coordinación entre sistemas o la estimación de tiempos de llegada—, identificar limitaciones de las herramientas existentes y abrir oportunidades para desarrollar soluciones propias.
Durante su participación en el Hub de Logística, CITYLOG planteó que estas oportunidades son especialmente relevantes en centros de distribución y operaciones de última milla, donde las empresas cuentan con datos, procesos e infraestructura que permiten experimentar y validar soluciones junto a las universidades.
El Centro ha identificado una cadena de decisiones con importantes oportunidades de mejora, que incluye el pronóstico de demanda, la estimación de la carga de trabajo, la programación de turnos, la definición del slotting, la priorización de pedidos, la coordinación de la preparación y despacho, el control de la ejecución y la estimación de tiempos de llegada.
Para CITYLOG, el fortalecimiento de la colaboración entre academia e industria puede materializarse mediante proyectos de título, prácticas profesionales, tesis de magíster y doctorado, formación de investigadores en empresas y proyectos colaborativos de I+D.
El objetivo, concluye el Centro, no es reemplazar la experiencia de quienes gestionan las operaciones logísticas, sino complementarla con herramientas de modelación, simulación, optimización, ciencia de datos, inteligencia artificial y diseño experimental.
Antes de desarrollar nuevas tecnologías, muchas empresas necesitan aprender a investigar con las que ya tienen instaladas; ese aprendizaje puede convertirse en el punto de partida para una logística chilena más productiva, segura, sostenible y capaz de generar soluciones propias.